Sunday, September 10, 2006



http://a9.com/memorias%20de%20geisha?src=imdb

MEMORIAS DE UNA GEISHA


DIRECTOR: Rob Marshall

ACTORES:
  • Zhang Ziyi (Sayuri
  • Ken Watanabe (Presidente)
  • Michelle Yeoh (Mameha)
  • Youki Kudoh (Calabaza)
  • Gong Li (Hatsumono)

SINOPSIS


Ambientada en un mundo lleno de misterio y exotismo que aún hoy sigue hechizándonos a todos, la historia tiene lugar en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, cuando una niña japonesa es separada de su humilde familia para trabajar como sirvienta en una casa de geishas. A pesar de que se cruza en su camino una rival traicionera, que casi consigue quebrar su entereza, la niña se convierte en la legendaria geisha Sayuri. Hermosa y dotada de un gran talento, Sayuri cautiva a los hombres más poderosos, pero sobre ella se cierne la sombra de un amor secreto, un hombre al que ella no puede aspirar.

COMENTARIO de Celso Hoyo Arce

MEMORIAS DE UNA GHEISA se sabe fasto, exotismo, viaje turístico, y, -esa es la daga que la arponea- no se molesta en ningún momento en configurar búsqueda alguna que no sea la que autoimpone su propio perfil digerible, su baja tonalidad sorpresiva. El film deja de serlo para convertirse en souvenir, en postal de cinco estrellas, en tour por el "Corral de la Japona". Se ciñe con esplendente rendición a los cánones que impone el más ramplón y fútil modelo de cine comercial made in usa, más concretamente al género de "biopic" autobiográfico, esto es, el frívolo repaso a los momentos más importantes de la vida de una figura histórica. No es que la protagonista sea un personaje real, pero, dada la notoriedad del precedente literario, Marshall y sus guionistas se aprovechan de tal circunstancia para ahorrarse asperezas, aportaciones personales, relecturas cuestionadotas; para circunscribirlo con descaro a un canon genérico ya de por sí muy poco propicio a profundizaciones críticas.. La misma voz en off que introduce todo el relato, y que lo va punteando con excesivo afán explicitador, abunda en esta misma característica: se sabe conocida por toda la platea.
No obstante, en beneficio de su (glacial) globalidad, la película desprende los fulgores que se le suponen a los distintos elementos contratados para engrandecerla. El empaque de la producción es altísimo, no defrauda. El realizador, por lo menos, tiene el talento suficiente para orquestarlos, consiguiendo que cada uno de ellos, aunque sea lastimoso disfrutarlos en tan pávida función, espolvoree su riguroso lucimiento: John Williams vuelve a demostrar su oficio con una suntuosa banda sonora; Dion Beebe despliega preciosidades cromáticas durante todo el metraje, dibujando una fotografía realzadora, mimosa, celebrante, efectivamente pulcra; el mismo Marshall descuella en algunos momentos en los que la narración aúna conflicto y espectáculo visual: toda la escena del baile en el que Sayuri debe inmortalizar su propia leyenda (sin duda, la mejor del filme) es una buena prueba de ello: el prólogo con ese escenario abarrotado de guirnaldas, la salida a la pasarela, la oscuridad envolvente, el chorro de luz que la acecha durante la actuación: todo contribuye a inundarla de fragilidad y dramatismo, a participar el difícil equilibrio de la joven encima de las plataformas que decide incorporar a su danza. Y, finalmente, cabe destacar el magnífico trabajo que entregan las tres principales actrices: Michelle Yeoh brinda una Mameha sabia, contundente y experta; Gong Li inyecta aristas y maldades a un personaje muy mal escrito: se la obliga muy pronto a convertirse en la mala de la función, y eso se le vuelve en contra; su enfrentamiento con Sayuri se hace obvio, intencionado e impuesto. Sólo la pícara angulosidad con la que la actriz atavía la amenaza de esta geisha engreída y ardiente, logra mantener a flote la exigua credibilidad con la que está perfilada en el libreto. Gong Li estremece desde el primer instante en el que asoma su endeble grandeza. La labor de la actriz es inconmensurable. El director le debe el alma de la película: su rostro es el único resquicio del film por el que atisbamos el conato de evolución dramática, del que penden los escasos latidos emocionadores que vierte el film.
Ese es el principal lastre que acaba haciendo opacos los diversos juegos de artificio aunados en

MEMORIAS DE UNA GHEISA: La exigua temperatura que irradia un producto que se quiere emotivo, y que, pese a situarse en latitudes asiáticas, se diría que lo han rubricado en la Antártica. El filme de Marshall no convence ni como artefacto romántico, ni como dispositivo indagador de la forma de vida que asumían tan legendarias mujeres, ni mucho menos como documento histórico. Solo se juega la baza poco exigente de la escalada personal de Sayuri, de la conquista de su fama. Empecinado en tal raquítica linealidad, los demás meandros narrativos articulados, muy pronto sucumben en forma de desperdigados apuntes inconexos, esquemáticos y olvidables: el trayecto vital que recorre esa niña arrancada, junto con su hermana, del desahuciado, por muy humilde, hogar familiar hasta que consigue labrar su propia leyenda en el ámbito de tan influyente oficio, no sabe prescindir nunca de su naturaleza consumible, aligerada, y languidece de pura fidelidad a tan monocorde premisa. Especialmente lastimoso es todo el tramo final; el que se dirime tras la guerra. Marshall no acierta en la plasmación dramática del transcurso bélico; se limita a exhumar el relato, a pasearlo con la obligación que impone llegar hasta donde marca el referente best-seller. Todo el asunto de la reunión con el importante militar americano expele un mohoso efluvio a fotonovela extravagante y burdelera, que concluye con la escena horripilante del hallazgo de Sayuri en plena "faena"corporativa. El melodrama pasional confesado en la floralmendrada secuencia que cierra el film certifica la exangüe calidad por él acumulada. Los dos personajes han de justificarse; el uno al otro explicarse el porqué de su comportamiento durante tantos años. Él problema es que no suena a redundante, porque los motivos expuestos, el espectador, ni los ha sentido. En una buena película, las explicaciones nunca van al dorso. Quizás no las haya. MEMORIAS DE UNA GEISHA habría que consultarla antes al médico. Su consumo necesita de un prospecto.
(**) Recomendada a todos aquellos que no saben comer con palillos, y se desesperan.

CALIFICACION ****

0 Comments:

Post a Comment

<< Home